Si algo destaca sobremanera de la más reciente película de Christopher Nolan, Batman: El Caballero de la Noche(2008) es la profunda problemática moral que toca, y que ya se había anunciado desde su segunda cinta, Insomnia(2002) que fuera estelarizada por Al Pacino y por Robin Williams. Desde allí Nolan abordó el tema de la doble moral y su consiguiente falaz fundamento. Si en aquel trabajo el personaje de criminal interpretado por Williams, provocaba en el de policía, de Pacino, un forzoso, astuto y doloso reconocmiento de su propia corrupción; aquí en El Caballero de la Noche, es The Joker, un espléndido Heath Ledger, quien se autoerige como un catalizador humano con el mismo motivo: derrumbar todas las imágenes o íconos de moral redentora en la sociedad de Ciudad Gótica, que en mucho es nuestra propia sociedad, para que acepten que la ruindad y la miseria ética y espiritual es la que colma absolutamente todos los corazones de una comunidad.
Para eso The Joker se afana dando un mensaje macabro de crímenes y sabotajes programados: es el nuevo mesías de una era que siempre fue pero que se engañó como superada, el portavoz de la sucia verdad de los hombres. Y he aquí que logra mostrar en Batman como posee dos rostros, el defensor de la ley, pero el que la rompe a la vez, por sentirla ineficaz; en el personaje del fiscal héroe de Gótica, interpretado por un brillante Aaron Eckhart, las dos caras de un alma colmada de resentimiento por el malagradecimiento de la sociedad que tanto ha defendido y que literalmente le hará estigmatizarse el ser, transformándolo en una vil criatura de Dos Caras y una moneda sucia y sangrienta; en el comisionado Gordon-bravo! Gary Oldman- las dos caras de quien ha de mentirle a sus seres queridos y a la gente garantizando una seguridad que nunca ha de poder otorgar ante fuerzas que lo superan por entero., etc
The Joker de Heath Ledger logra con su planteamiento lucido-psicótico hacer emerger todas estas disyuntivas dolorosas; con su evangelio de sangre y terrorismo; con su elocuencia demencial y lúcida. Solo Batman, un Bruce Wayne superado en mucho por la crisis que enfrenta, agotado moralmente, devastado sentimentalmente por haber perdido el amor de su Rachel (interesante y muy guapa), es capaz de solventar esta amenaza en un sacrificio desesperado que lo transformarán en un ser mítico, un cordero nocturno, que ha asumido muchas formas a lo largo de la historia social- y ninguna a la vez-; en un ser que no expone rostro alguno, y que sin embargo lucha por que todas las demás caras se eleven sin vergüenza y puedan ser iluminadas por el tenue resplandor de una esperanza dolorosa, tibia pero cierta.